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  • Lidia Siori

IN AETERNUM

Updated: Nov 5, 2021

Llevaba muchos meses sin pasarme por aquí. No mentiré diciendo que han sido unos meses estupendos, ni que ha sido el mejor verano de mi vida. A veces hay cosas que escapan a nuestro control y no podemos hacer nada para detener esa espiral de vicisitudes intempestivas que nos abruman y desmoronan.



En mi caso el pasado agosto recibí una llamada que cambiaría mi vida para siempre en un abrir y cerrar de ojos. Mi padre sufría un aneurisma y tenía que ser operado de urgencia a vida o muerte. Siete horas después -en un día totalmente agónico- recibía la llamada de la doctora comunicando que todo había salido bien pero el pronóstico era reservado.


En ese momento me vi tan minúscula como impotente. ¿Qué podía hacer yo para salvarlo? ¿Me veía preparada para quedarme huérfana de padre? Nada podía hacer más que rezar por su mejoría y esperar el milagro ya que la cosa no pintaba bien.


Podría haber escogido hacerme una bolita en el sofá y llorar hasta gastar todas mis lágrimas, pero eso tampoco hubiera ayudado a nadie, ni a mí misma. Elegí sobrellevar el dolor con trabajo y esfuerzo, elegí estar para apoyar a los míos que también sufrían, elegí estar alerta, documentarme acerca de lo que le había pasado a mi padre y estar preparada para la siguiente llamada de la doctora.


Así pasaron los meses, dos meses eternos en los que nos dieron más malas que buenas noticias, en los que nos dijeron que nos preparáramos para lo peor, en los que tuve que verme frente a la puerta del hospital con una bolsa de plástico en la mano con las pertenencias de mi padre y marcharme para casa sin saber si algún día podría devolvérselas en persona.


La vida a veces nos pone pruebas en el camino que no sabemos cómo vamos a afrontar. Siempre tienes dos opciones y tan solo tú eres quien va a poder decidir el rumbo. En mi caso decidí luchar, ser fuerte, seguir trabajando, seguir creando contenido, seguir sonriendo aunque por dentro estuviera rota.


Hoy evoco todo lo vivido y noto como una leve sonrisa se dibuja en mi cara. Mi padre acabó despertando del coma y poco a poco va progresando, la vida continúa y le da una oportunidad. El sol vuelve a salir y toda la amargura queda atrás. Me miro y me siento orgullosa del trabajo llevado a cabo, de la resiliencia, del tesón. El esfuerzo valió la pena y todo el sufrimiento hoy ha hecho de mí una mujer más fuerte, valiente y poderosa. Preparada para volver a la carga.








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