OLOR A AZAHAR

"Abril despierta a Sevilla con aroma de incienso y azahar,

sus calles repletas de flores rezumar su olor especial.

Su sol, su gente y su brío, Sevilla enamora a quien va".




Decía Antonio Machado en uno de sus versos: "Esta luz de Sevilla...Es el palacio donde nací, con su rumor de fuente". Y es cierto que tiene una luz mágica e indescriptible, y que cuando cae la tarde a orillas del Guadalquivir, sus aguas brillan cristalinas y doradas, y ves como la silueta de la Torre del Oro se alarga por el paseo de Cristóbal Colón, tan imponente como hermosa, y todo se torna de un cariz especial y casi místico.


Sus patios andaluces, escondidos por las callejuelas del Barrio de Santa Cruz, parecen pequeños mundos desconocidos aun por explorar. A veces me asomo a sus barrotes y observo maravillada la belleza que los rodea: palmeras y flores de todas las formas, paredes vestidas de azulejos preciosos que, con sus cenefas, lo adornan todo y llenan de color, y en el centro, una fuente de piedra que con el murmullo de su agua dota el ambiente de una serenidad que invita a soñar.


Me gusta perderme en sus calles, me gusta observar a mi alrededor, contemplar toda esa belleza que ha sabido preservarse intacta a lo largo de tantos años. La belleza de una ciudad que irradia alegría, arte y cultura; la belleza de una ciudad a la que siempre que vuelves, aunque seas forastero, te hace sentir como en casa.


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